Hugo Valñia

Dos personas me hirieron gravemente.
Una fue un vecino que hizo abuso deshonesto cuando yo tenía aproximadamente seis años.
La otra fue mi papá.
Fue muy difícil enfrentar tanto una como la otra. En la primera no tuve opción, ni parte alguna.
Eso quebró mi inocencia y me provocó un desajuste en mi forma de enfrentar las relaciones, las emociones y el amor verdadero.
Tendría unos cinco años, y mi mamá me llevaba a que un vecino me cortara el pelo, vivían en la misma manzana que nosotros, ella me dejaba allí y luego me iba a buscar.
En una oportunidad me dejó ir solo, porque no había peligro, ya que no tenía que cruzar calles.
El peluquero, este vecino, tendría unos treinta y cinco años, supongo, me atendía a la hora de la siesta en un patio cubierto de su casa, y él estaba vestido con pijama, y su pantalón era de esos que tienen bragueta sin botones. En algún momento este hombre comenzó a acercar sus genitales sobre mi brazo y eso lo hizo excitarse, luego me hizo que le mirara.
No sé si me hizo tocarlo, puede ser, no recuerdo si me sedujo o me gratificó con algo, no tengo memoria de amenazas para que no dijera a alguien lo que pasaba allí.
El impacto fue muy fuerte. El quiebre de mi inocencia y pureza como niño trajo como resultado un nene distinto a los demás.
No dije nada en mi casa, y no sé por qué motivo después le pedía a mi mamá que quería ir a que me cortara el pelo, seguramente aquello mismo de la primera vez pasó en reiteradas ocasiones, creo que después me pedía que lo masturbe, no lo recuerdo bien, pero si sé que “algo pasó” en mi mente, en mi identidad.

Mi papá estuvo ausente, tanto física como emocional y afectivamente, y cuando estuvo presente fue muy indiferente. Su relación con mi mamá fue de pobre para abajo, gritos, insultos, amenazas de golpes…él salía solo, a veces no dormía en casa. Finalmente se fue de mi casa y vivió con otra mujer.No quería ser como él, aunque lo anhelaba como papá y como ídolo que nunca llegó a ser. También eso me produjo una distorsión en mi manera de buscar ser amado y amar.
El descuido de mi persona como niño y preadolescente por parte de mi papá, sumado al abuso recibido por este vecino, el rechazo por parte de mi papá que nunca supo qué me había pasado, el rechazo de los compañeros de la escuela y chicos del barrio al tratar con un niño tímido, vergonzoso, cobarde e indeciso, produjo en mi, un impacto que me empujó a desarrollar inconcientemente un Yo distorsionado. De muy niño era el mujercita del barrio, el maricón…chicos mas grandes que yo y otros de mi misma edad abusaban de mi, aún cuando no había penetración, eran juegos sexuales, pero crueles juegos sexuales que denigraban mi moral y personalidad.
Mis padres, supongo que veían “algo” en mi, pero nunca lo enfrentaron, yo estaba perdido en esa maraña de crueldad infantil y adolescente, luego me transformé en un antipático, soberbio, rebelde, mentiroso y callejero.

Buscando cubrir las faltas afectivas, intentado suplantar, aunque de manera inconciente, salí pronto a la calle a tratar de llenar los agujeros emocionales, afectivos y psicológicos.
La actividad sexual, dentro del mundo de la homosexualidad fue promiscua desde temprana edad, me involucré en todo tipo de relaciones sexuales.

El abuso recibido de niño, hizo su parte, puso su impronta y el quebranto de la inocencia fue tomando mas y mas lugar en el preadolescente, el adolescente y el joven. Al mismo tiempo, como la voz de la conciencia, que Dios puso en cada ser humano se encarga de avisar como un semáforo por dónde estamos andando, no solo me avisaba, sino que me gritaba que mi manera de vivir no estaba bien.
Los vacíos afectivos continuaban y es mas, crecían, ya que las experiencias sexuales eran asiduas, constantes, no incluían afecto, eran sin asidero, el amor no lo experimenté, no lo conocí, solo eran actividades físicas, genitales, que no dejaban mas que dudas, culpas, miserias y soledad.
Mi vida era un torbellino de energía sexual en búsqueda de mas y mas, corriendo riesgos, recibiendo golpes, enfermedades venéreas, siendo robado y también siendo detenido por la Policía alguna vez. La caída moral era acelerada y estrepitosa.

Por algún tiempo viví “en pareja”, con todos los sentimientos distorsionados ya que lo que me hacía estar junto a esta persona era tan solo un desenfreno sexual.
Al percibir mas y mas que mi verdadero Yo estaba cada vez mas tapado, escondido, lastimado y moribundo, y viendo, sintiendo la declinación moral en la que vivía, iba por los templos católicos pidiendo a las imágenes del Señor Jesús en la cruz que me hiciera bueno, que me cambiara, yo sabía que lo que hacía, lo que sentía, lo que vivía, no era normal, no era bueno, ni me hacía pleno ni feliz.
El enfoque era bueno, pero el medio para encontrar la libertad estaba equivocado.
La caída moral, las heridas que provoqué a otras personas fueron muchas, vivir con un estigma y un rótulo impedían que me sintiera bien, no era libre.
Era un dicto sexual en todas las maneras que puedas imaginar. La inmoralidad se apoderó de mi de tal manera que también bebía bastante y robaba. Cuando se instala un estilo de venda de sepultura-de pecado-de adiccion, otros demonios acompañan la acción y hace de la persona un juguete del diablo, arrastrándolo por la oscuridad.

Para este tiempo, mi mamá tiene una experiencia profunda y verdadera con el Señor Jesús. Algunas veces al principio de su acercamiento al Evangelio me habló de Dios, pero no le dí lugar, mas bien la rechacé. Luego de dos años de estar en el Evangelio, invita a quien era mi “amigo” o “pareja” a una Reunión por Semana santa.
Ella conocía a este muchacho porque yo trabajaba con él. Pensando en que se aburriría decidí acompañarlo.
Sin mucha fuerza, casi sin esperanza sobre un cambio en mi vida, asistí a esa Reunión y allí conocí el Amor inagotable de Dios.
Él….literalmente me aplastó con su Amor, sentí su perdón y noté que las cadenas de la atadura sexual se rompían, pudiendo después caminar libre hacia donde mi Yo verdadero quería ir, el verdadero Hugo ya estaba liberado por Cristo, ya no fui un esclavo.
Dios metió su mano pura, limpia y santa en el tacho de la basura, para rescatarme.
Esa noche, ambos hicimos manifestación de aceptar al Señor.

Aún así, esa misma noche volví al departamento donde vivíamos y volví a pecar, al día siguiente y por algunos pocos días mas leíamos juntos la Palabra de Dios, y cuando leíamos textos como: “al que ame a padre o madre mas que a mi, no es digno de mi” o “el que quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”, este muchacho renegaba, ya que no quería hacer este tipo de cosas que Jesús demanda.
A los pocos días abandoné su departamento, llevándome mis cosas y volvía a la casa de mi mamá. Durante un tiempo me persiguió diciéndome que se iba a suicidar.
En poco tiempo conocí a quien sería mi esposa.
Dejé de ver a este “amigo” y cuando lo contacté nuevamente luego de un tiempo largo (quería contarle de mi nueva vida) me preguntó si era feliz y le respondí que si.
Luego volví a dejar de verlo y cuando lo volví a contactar me preguntó lo mismo y se quedaba admirado de mi respuesta: si soy feliz.
Luego de unos años lo llamé para el día de su cumpleaños y su papá me dijo que había muerto por causa del SIDA.

Solamente después de haberme acercado a la Cruz real de Jesús, luego de tener una experiencia íntima, personal con Él, pude perdonar a mi papá, llevó tiempo, pero pude encontrarme con él, llevarlo al Señor y perdonarlo y tratarlo como si nada hubiera pasado, ambos pudimos decirnos que nos amábamos, durante sus últimos veinte dias de vida Dios me trajo a mi papá que había estado ausente por cuarenta años.
Jesús llevó de verdad esas heridas y hoy puedo verlas pero ya son solo cicatrices, no sangran mas.
También pude perdonar a la persona que con el abuso desencadenó un desastre en mi vida, e hirió mi verdadero Yo. Y veo solo como una parte de mi historia el rechazo, las burlas, los desprecios de algunas personas, vecinos, compañeros de colegio, etc., la resurrección de mi verdadero Yo hace posible que pueda mirar hacia atrás sin vivir todo eso nuevamente, y mucho menos vivirlo con resentimiento.
Jesús se lo llevó todo a la Cruz.
Hoy llevo treinta y un años de casado, vivo con mi esposa y tenemos dos hijas.

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